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El día del fin del mundo.

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  CAPITULO 8°       ¡Me iba a casar!¿Me iba a casar? Salí de aquella casa temblando como un flan. Ni yo misma era consciente de todas las connotaciones que tenía aquello. Que me casara iba a caer como una bomba, pero si además añadía como novio a Andrés Sánchez Ferrer, la bomba sería atómica. Caminaba hacia mi casa llevando la mente en blanco. No sabía que me había pasado, no sabía porque le había hecho a él aquella propuesta, no sabía qué iba a hacer a continuación. Sólo sabía que no me arrepentía...y que se iba a armar la gorda.       Lo primero que hice al entrar en casa fue buscar a mi tía. La encontré en la cocina refunfuñando sola y repasando lo que Lola había limpiado, como si fuera necesario. Me puse frente a ella, la mire a los ojos y se lo dije sin preámbulos ni sutilezas. Pensé que no me creería, que tendría que insistir y aún así se lo tomaría a guasa, pero no; se quedó mirándome paralizada y cuando al fin reaccionó comenzó a chillar y a re...

El día del fin del mundo

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  CAPÍTULO 7°       Al día siguiente cuando salí de mi cuarto encontré que mi tía me estaba esperando a pie de escalera, cual Rett Butler esperando a Scarlet O'hara, pero sin la sonrisa ladeada y socarrona, que diría Serrat.       - Vaya, al fin se levanta la señora marquesa.       Resoplé con disimulo.¡Con las pocas ganas que tenía yo de pelea!... ¿Y a que venía eso? Era mi día libre. Era la propietaria del restaurante, de la casa...y de todo lo demás, podría quedarme el resto de mi vida en la cama sin dar un palo al agua si me daba la gana, así que no entendía el reproche.       Bajé lentamente, dándome tiempo para armarme de paciencia. Sus ojos marrones estaban clavados como dardos en mi, siguiendo agudos cada movimiento.        - ¿Que pasa, tía?- Le pregunté al llegar a su altura.       - ¿Qué pasó ayer?- Inquirió acusadora      - No sé, pasaron muchas cosas,¿se refiere...

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  CAPÍTULO 6°       Serví el desayuno de Andrés en la cocina, sin mirarle a él, sin decirle una palabra, con expresión neutra. Notaba que él, sentado ante la mesa , me miraba con insistencia, esperando a que nuestros ojos se encontraran, pero no le di ese gusto         Me había recibido con su habitual ironía.        - ¡Cuánto honor, la marquesa en persona!...       Yo no había contestado ni a ese ni a ninguno de los comentarios que vinieron después. Vi que se levantaba de la cama y entraba al baño. Salió limpio y vestido, caminando con dificultad, supongo que le dolía bastante aún, pero con afán de esforzarse. Notando que pese a todos sus intentos de hacerme hablar yo seguía sería, muda y sorda, intentó otro modo de abordaje.       - Pero¿sigues enfadada por lo del otro día? Pues no me voy a disculpar, porque el consejo fue bueno y sincero, ¿que, a lo mejor, fui muy bruto al expresarme? Vale;...

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  CAPITULO 5°        No tenía la menor duda de que quien le había llevado el suministro etílico era su camarada; por si esto fuera poco me lo confirmó una vecina de la calle al decirme que había visto entrar a Perico Mataburras en la casa de Andrés.       Pedro Cantero era un hombre entrado en años, entre sesenta y sesenta y cinco, con la piel enjuta, curtida por el implacable clima manchego. Delgado hasta los huesos y de estatura recortada, viéndole podía pensarse que bastaría una simple ráfaga de viento para que saliera volando. Le encontré apoyado en el quicio de su puerta cuando fui a buscarle a su casa.Apenas me vio acercarme, me regaló una sonrisa desdentada, que iluminó la mirada inteligente de sus brillantes ojillos.       - No te enfades conmigo,- Comenzó a decir adivinando porqué estaba yo allí.       - No, hombre, vengo a felicitarte por lo bien que lo has hecho.- Ironicé.       - Es amigo mí...

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  CAPÍTULO 4°       Fue como si al mencionarlo se hiciera magia, justo después de salir de la casa de Andrés y antes de subir al coche me encontré con Eduardo. Su sonrisa blanca fue la primera reacción al verme.       - ¿De donde...? - Fue su saludo mientras me miraba de arriba a abajo con disimulo.       - De la casa del Queco, de echarle una mano.- Yo también le miré como al descuido.       Era guapo, quizá no demasiado alto, más o menos como yo. Tenía el pelo castaño y fuerte, peinado con la raya al lado. Sus ojos marrones no me miraban, me acariciaban en cuanto me veían y era su voz tierna la que oía dentro de mi cabeza cuando leía aquellas cartas que años atrás dejaba en las rejas de la ventana de mi cuarto. Estudió Magisterio, pero nunca ejerció, su trabajo en la finca de su familia era más importante, era el único varón de sus padres y se miraba mucho la explotación de la tierra por el heredero mientras las heredera...

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 CAPÍTULO 3°       Era mucha la paciencia que debía tener con Andrés. Cualquier otra le hubiera mandado al infierno y se habría ido dejándole que reventara, pero yo no podía, no mientras estuviera impedido, mi conciencia no me dejaba a pesar de todo lo que salió por su boquita para amedrentarme. Las pobres muchachas seguían con su tarea y ni se acercaban.       - Pero ¿qué pasa aquí?        Don Servando entró sin llamar al oír las voces. Andrés se calló y hablé yo.       - Nada, don Servando. Aquí, el señor, que además de borracho es un voceras. Fíjese como se ha puesto porque se me han caido sin querer tres cuartos de litro de aguardiente en el cubo del agua sucia. El médico lo entendió a la primera y con expresión bonachona dijo:       - Hombre, Andrés, si ha sido sin querer... Un accidente lo tiene cualquiera. Además que no es alcohol lo que más te conviene ahora.         La ...