Una inocente conspiración
CAPITULO 9
Pasaban dos minutos de la una de la madrugada cuando César aparcó
el coche en la calle donde vivía Magalen. Apagó el contacto del motor y giró el
rostro para mirarla sonriente.
-Lo he pasado
muy bien.- Murmuró ella con una tenue sonrisa.
-Yo también. Nunca
antes había disfrutado tanto viendo una ópera.- Asintió sincero.
-Siento haberle
manchado el pañuelo.
-No importa.- Sonrió abiertamente.
-Es que no he
podido soportar la congoja al ver a la pobre Mimí tosiendo mientras moría en
los brazos de Roberto…¡Y esa música maravillosa de Puccini!
El seguía
sonriendo satisfecho. Si, ya había notado que ella se había impresionado mucho con
la representación, sobretodo cuando la protagonista murió y ella la lloró
inconsolable. A el le invadió una especie de sentimiento paternal hacia ella.
Era tan inocente. Estaba seguro de que no había tenido muchos novios a parte
del canalla del italiano.
Ella se apeó del
coche él la siguió acompañándola hasta
el portal. La calle se veía solitaria, algo normal en la incipiente primera
hora de un jueves. Le quitó con suavidad las llaves de la mano y abrió la
puerta.
-La acompaño hasta
arriba.
Ella titubeó un
instante.
-No puedo
invitarle a entrar en casa. Tenemos una regla inquebrantable: Nada de hombres
aquí por las noches.
El buscó sus
tímidos ojos.
-De todas formas la acompañaré hasta
arriba y no me iré hasta que la vea cerrando la puerta del piso.
Entró en el
portal detrás de ella y comenzaron a subir las escaleras, pero al llegar al
primer descansillo la luz se apagó dejándoles en la penumbra que formaba la
escasa luz de las farolas que se colaba hasta allí dibujando las sombras de sus
cuerpos. Ella extendió su brazo tanteando la pared en busca de interruptor,
pero una mano fuerte interceptó la suya abarcándola con suavidad y
conduciéndola lentamente hacia unos labios cuyo cálido aliento acarició su
pulso antes de rozarlo con los labios para depositar un beso.
Aquello era el
final de una noche maravillosa, o quizá no, quizá era el momento que ella había
estado esperando para que la noche fuera maravillosa. Le deseaba, claro que le
deseaba, ¿acaso no era una mujer?¿acaso aparte de admirar su sapiencia y su
carácter no se había fijado en la profundidad de sus oscuros ojos, en la
anchura de sus hombros y la fortaleza de sus piernas?¿Acaso no rozó la
felicidad la tarde anterior cuando le notó excitado contra ella? Y en aquel
momento en el que él tiraba levemente de aquella mano hacia sí y ella la seguía
mansa hasta quedar atrapada entre los brazos masculinos. Sintió en su sien la
cálida respiración de él y luego un beso. Otro en la frente; uno más en la
mejilla y el siguiente en el ángulo de su mandíbula. El aroma de él y el de
ella unidos se filtraba por sus sentidos llegando hasta algún punto ignoto que magnificaba
la capacidad receptiva de su piel, afinándola hasta alcanzar el grosor de un
papel de fumar, sensibilizándola ante el menor estímulo que procediera de aquel
hombre. Era una dulce tortura que no podía soportar. Giró el rostro impaciente
hasta que encontró la boca de él al tiempo que sus brazos se alzaban para
rodearle con un abrazo cerrado que clavó sus pezones enhiestos en el pecho de
él y, quizá el dolor, quizá el placer, seguramente ambos, le arrancaban de la
garganta un gemido tibio.
César se dejaba
llevar por su instinto, pero en algún lugar recóndito de su mente había un
sentimiento de incredulidad ante lo que estaba haciendo. Era un hombre adulto,
libre, independiente, con vivienda propia ¡y estaba enrollándose con una mujer
en el rincón oscuro de una escalera…como cuando tenía dieciséis años y una
novieta de la cual apenas se acordaba! ¡Era absurdo! Pero no importaba. Lo
importante era que esta vez el conde Martini estaba muy lejos del pensamiento
de ella. Durante la cena había intentado referir algo acerca del italiano, pero
él decretó aquel tema como tabú, ella estuvo de acuerdo y no volvió a
mencionarlo.
Su boca había
invadido el interior de la de ella. ¡Sabía a Gloria! Sus manos iniciaron un
camino ascendente por los costados de ella, aventurándose a explorar arriesgadas
y valientes el terreno desconocido que prometía el nuevo mundo, pero cuando lo
alcanzaron unos dedos finos se liaron con los suyos apartándolos y obligándole
a retroceder. El no lo aceptó por completo. Lejos de deshacer el atado de sus
manos, las llevó hasta la pared manteniéndolas prisioneras por encima de su
cabeza y siguió besándola. La excitación que les invadía les obligaba a tocarse,
no ya con sus manos, inmovilizadas, si no con sus cuerpos que se movían en una
especie de danza rítmica que les llevaba a buscarse en aquella enloquecedora
fricción.
Fue Magalen la
que tuvo la fuerza de voluntad suficiente para apartar su boca de la de él.
-Es…tarde.
Mañana hay que …trabajar.- Musitó .
El lo sintió
como un susurro cruel que le devolvió a la realidad. Pero no podía hacer más.
-Está bien.
Sin
embargo cuando ella liberó su mano para encender la luz, él volvió a atraparla
y a rendirla con sus besos en su deseo de no romper aquella noche.
-César…- Dijo
ella con una leve queja al pronunciar su nombre.
- Está bien,
está bien… Mensaje recibido…- Concluyó a regañadientes.
Se hizo la luz y
siguieron subiendo las escaleras. Al llegar ante la puerta del piso él volvió a
besarla, esta vez con moderación, con mas dulzura, probablemente porque dejó
que el ritmo lo marcara ella y cuando lentamente se apartó de él casi se lo
llevó tras sus labios.
-Ha sido una
noche…
-¿Encantadora?-Susurró él con un tono burlón provocado sin duda por la
frustración.
- Hermosamente
intensa, al menos para mi.
El sonrió
agradado por aquella definición.
-Buenas noches.
Magalen tuvo
suerte y pese al temblor que la agitaba logró insertar la llave en la cerradura.
El estaba aún allí, esperando a que entrara. Le dedicó una preciosa sonrisa y
cerró la puerta. Suspiró y apoyó la frente en la recia hoja de madera, incapaz
de controlar el torbellino de sentimientos que la agitaba.
La luz del
pasillo se encendió de pronto y Mapi la descubrió.
-Vaya… Te estaba
esperando para preguntarte como te ha ido, pero me parece que no es necesario.
-¡Mapi, qué
noche tan maravillosa!...
- Ummm, así que
Guzmán el bueno no es un santo…
- No lo es,
gracias a Dios.
La rubia rio
bajito ante la expresión de felicidad de su amiga.
-Me da la
sensación de que el profesor te ha enseñado algo que no tiene mucho que ver con
la bioquímica.
-¡¿Qué dices?!
¡Ha sido química biológica pura y dura!- Fue hacia ella y tiró de su mano para
llevarla consigo.-Vamos a la cocina, necesito tomar un café.
-¿Un café? No
vas a poder dormir.
-¡No quiero
dormir!- Exclamó entusiasmada cerrando la puerta para no despertar a las otras,
que dormían.- No quiero dormir nunca más, así parecerá que esta noche no se
acaba, solo quiero soñar…
-¿Te ha pedido
que volváis a salir?
-No, pero lo
hará. Lo sé.- Se llevó las manos al pecho y respiró hondo mientras cerraba los
ojos.-Durante la cena hemos hablado de tantas cosas…Nos hemos reído tanto…¡Ah,-
exclamó quejosa,- le he manchado de rímel el pañuelo porque me he emocionado
con la Boheme…
-¿Algo más?
- No…, no mucho más,
pero porque yo no he querido, él estaba dispuesto.- Respondió con una mirada
elocuente.
-Magalen, no
quiero ser la bruja mala del cuento, pero ¿no te estás haciendo muchas
ilusiones?
-Si, pero no me
importa. Sé que mirándolo fríamente esta noche no ha sido algo especial: cena, espectáculo
y algunos besos en la despedida… Sé que es lo habitual en cualquier otra cita,
pero, Mapi, ¡para mi es un mundo entero! No puedo decir que lo he esperado
desde que le conocí, porque ni siquiera me atrevía a esperarlo. Era algo
impensable.
Mapi sonrió
forzada. Magalen estaba muy enamorada de Guzmán. Era en aquel momento cuando
ella empezaba a pensar que la bola de nieve había llegado demasiado lejos y que
lo que en principio era una…inocente conspiración para que el profesor dejara
de ver a su discípula como un objeto de laboratorio, se había convertido en
algo que podía resultar muy doloroso para Magalen. Y las culpables serían tres
personas que la querían mucho y en las que ella confiaba.
-Creo que no voy
a esperar a que me invite a salir.- Continuó Magalen. -Puedo hacerlo yo, puedo
invitarle a comer mañana.
-Hazlo.- La
animó Mapi.
Magalen asintió
con decisión. Si, lo iba a hacer.
Su determinación
de tomar la iniciativa se vio reforzada al día siguiente mientras estaba en el
laboratorio. La mirada del profesor y de ella se cruzaron en varias ocasiones y
se sonrieron con cierta complicidad, aunque siempre con el disimulo necesario
para que los otros dos ayudantes no se percataran de nada.
Sin embargo
todas la ilusiones de Magalen se golpearon contra el suelo cuando se abrió la
puerta del laboratorio y entró Natalia Ríos. De pronto recordó que había ido a
la ópera porque a la modelo no le gustaba, recordó que era jueves y que la
señorita Ríos estaba allí para hacer los planes del fin de semana con él.
Mientras el profesor y la modelo charlaban, ella se mantenía atenta a su
trabajo, como siempre, aparentemente ajena a lo que sucedía entre ellos.
Natalia le llamaba cariño, cielo…y él no apartaba aquellas manos de largas y
cuidadas uñas que jugaban con el cuello de su bata.
Magalen se
inclinó sobre el microscopio sintiendo en sus ojos el picor de la desilusión en
forma de lágrimas. ¡No podía llorar! ¡No en aquel momento! Sin embargo pese a
su intento de controlarse no lo logró y hubo de huir hacia el baño con la cabeza
inclinada y fingiendo que algo se le había metido en un ojo. En realidad se le
había metido algo. La pena.
Se sentó en la
tapa del inodoro y se cubrió la cara con ambas manos. Tampoco era tan grave, se
dijo, ella ya sabía que entre el profesor y Natalia Ríos “no pasaba nada”. El
mismo lo dijo, eran amigos. Aunque lo que de verdad dolía era que entre ella y
él tampoco “pasaba nada”
Lloró un
poquito, se desahogó y acabó por asumir todo aquello. Cuando salió del cuarto
de baño volvía a ser la eficiente ayudante de siempre, aunque ya no estuviera
el hombre al que tenía que ayudar ni su visitante.
-¿Se ha ido el
profesor?
-Si, se ha
largado con el bombonazo. ¡Qué suerte tiene!...A mi no me importaría cambiarme
por él.
-No, si ya se
nota que no eres tonto.- Intentó sonreír.
Matías la miró
de pronto con un destello de sensibilidad.
-¿Has llorado?
-¡Uy, qué va!...
No sé qué me ha entrado en el ojo y al intentar quitarlo casi me he arrancado
medio párpado.
-¿Te lo has
enjuagado?
-Pues claro…-
Sonrió.- Gracias por tu interés.
Se sentó de
nuevo ante el microscopio y descubrió algo importante: Que lo que estaba viendo
no le llamaba la atención en aquel momento, ni le importaba. Lorenzo la
descubrió con la mirada perdida en los garabatos que estaba haciendo en su
libreta.
-Maga, ¿estás
mala?
-¿Qué?
-¿Te encuentras
mal?
- No…bueno, un
poco… La verdad es que no sé qué daría por irme a casa.
-Vete. No creo
que el profesor vuelva, pero si viene ya le diremos nosotros que estás mala.
Tranquila, nos las arreglaremos bien sin ti y no meteremos la pata.
-Si, hazlo.
Estás muy pálida.- Afirmó Lorenzo.
Ella les
agradeció aquel gesto. Quizá, en el fondo, no eran tan capullos como ella
creía.
Volvió a su
casa. A aquellas horas estaba vacía porque las demás estaban en sus respectivas
clases. Tenía soledad y tiempo, justo lo que necesitaba para calmarse y ver con
perspectiva su futuro. Se fue a su cuarto y se dejó caer en la cama; se
lamentó, lloró otro poquito y se esforzó en consolarse. Dos días, había salido
solo dos días con el profesor y se había trastocado todo su mundo llenándose de
ilusiones que poco antes no podía concebir. ¿Y ahora qué? ¿Y si cada vez que
apareciera la señorita Ríos de turno ella volvía a arrancarse a llorar sin
poder controlarse? Para ella sería una situación insostenible y muy humillante
además.
Fue entonces
cuando tomó aquella decisión. Una decisión drástica que en principio no iba a
perjudicarle demasiado en su vida personal, al contrario, la beneficiaria y le
daría tranquilidad, aunque en lo que se refería a su profesión… hacía una
escabechina.
-¿Cómo que vas a
pedir el traslado a otro laboratorio?
Sus amigas no
podían creer lo que estaban oyendo cuando ella les comentó su decisión aquella
noche.
-¿Vas a dejar
las investigaciones con el doctor Guzmán? Pero…
-Escuchad,- dijo
con mucha calma,- es una ocasión única para mi. Vosotras no entendéis de esto,
pero lo es. En el laboratorio del profesor Noble van a comenzar una
investigación sobre los efectos de las hormonas artificiales.
-¿No es eso
sobre lo que va tu tesis?
-¡Al fin lo
habéis entendido! Además, me consta que está muy bien financiada.
-Pero…el
profesor Guzmán te está ayudando con eso, a pesar de que está fuera de su línea
de investigación.
-Ya lo sé y se
lo agradezco, pero me conviene más el otro…si es que me acepta en su equipo,
claro.
-¡Claro que te va
a aceptar! En toda la Facultad no hay nadie más entregada que tú. Además, igual
hasta os conviene, si volvéis a salir juntos se puede pensar…
- Eso no va a
volver a pasar, Paula. No creo que sea bueno mezclar vida personal y
profesional…Lo he estado pensando mucho y creo que no voy a volver a salir con
él.
-¿Estás
loca?¿Ahora que habéis empezado?¿Y si te lo pide?
Magalen sintió
sobre si la intensa mirada azul de Mapi.
-Aunque me lo
pida.-Contestó a Julia eludiendo los ojos de la otra.
Mas tarde, Mapi
entro en el cuarto de Magalen y la encontró concentrada en sus estudios. Se
sentó en la cama y la miró largamente.
-Un jarro de
agua fría ¿eh?- Preguntó de pronto, dolida por la decepción de su amiga.
-Me hacía
falta.- Asintió.
-¿No lo vas a intentar?
-No. Ayer estaba
arriba y hoy estoy abajo. Prefiero la estabilidad del equilibrio; además ya sabes
que en ese aspecto ni tengo mucha experiencia ni soy una gran luchadora.
-Cobarde. Dejas
pasar una buena oportunidad.
-No controlo la
situación, Mapi, por mi tranquilidad es mejor que me vaya a otro equipo.
Mapi se
incorporó dispuesta a dejar la conversación en aquel punto.
-Tú sabrás lo
que más te conviene; si conozco a una mujer que de verdad sabe tomar
decisiones, esa eres tú.
Magalen vio que
se iba.
-¿Vas a salir?-
Mapi respondió asintiendo.-¿Con el mismo de ayer?- Mapi volvió a asentir.
Magalen la miró a los ojos.-Oye…el conde Martini…se fue, ¿no?
-Tranquila, ese
tema está completamente acabado.
-Entonces no te
entretengo más. Que te diviertas.
Mapi se fue a su
cita con su tío, del que por suerte Magalen ignoraba todo. Pronto volvería a Sidney,
con su familia y volvería a respirar tranquila, aunque insistía mucho en que le
acompañase y pasara una temporada con su padre en Australia. Ella sabía cómo
sería esa temporada, estaría en Australia, pero los negocios de su padre le
tendrían tan ocupado que no gastaría su tiempo en estar con ella, como siempre.
La puerta se
cerró detrás de Mapi. Poco después sonó el teléfono y Julia entró en el cuarto
de Magalen.
-Teléfono,
Magalen, el profesor Guzmán. Paula está hablando con él.
¡El profesor!
-¡Dile que no
estoy!- Susurró como si temiera que pudiera oírla.
-Pero…¿por qué?
-No quiero
hablar con él…¡Por favor, dile que me he ido!
-Vale.- Aceptó
la otra cerrando la puerta y dejándola a solas, que era como ella necesitaba
estar en ese momento. ¿Por qué la llamaba? No quería saber nada de él ¡Que se
fuera con Natalia Ríos!
Salió del cuarto
un rato después y le preguntó a Paula qué le había dicho.
-Nada ha
preguntado como estas, yo le he dicho que bien, luego cuando ha venido Julia le
he dicho lo que querías, que no estabas, que te habías ido y parece que no le
ha gustado, porque ha colgado sin más.
-Será que tenía
prisa en volver donde le esperaban…-Comentó con frialdad.-¿No te ha dicho qué
quería?
-No, solo ha
preguntado cómo estabas.
Magalen se
encogió de hombros y volvió a su cuarto. ¿A qué venía aquel repentino interés
por su salud? Ni lo sabía ni se lo iba a preguntar. Solo deseaba cortar con
aquello de una vez, volver a sentirse tranquila, o, al menos parecer tranquila
a pesar de que siguiera notando la forma en que las manos de él dibujaron su
cuerpo y sintiendo en la boca el sabor de su boca.
Tenía que volver
a ser la que fue.
Lo primero que
hizo a la mañana siguiente fue ir al despacho de don Agustín Noble. El hombre
era muy mayor, hacía tiempo que debía haberse jubilado, pero sería una pena
perder a un gran profesor cuya capacidad física e intelectual seguían siendo perfectas.
El la miraba dudoso. Había sido mentor de César Guzmán como César era ahora
mentor de ella.
-Dígame una
cosa, señorita Peña, ¿qué opina el profesor Guzmán de este cambio que me
propone?
-Bueno, don
Agustín, profesor Noble, quiero decir,
yo aún no le he dicho nada al profesor Guzmán hasta no saber si usted me
aceptaría en su equipo.
-Eso
está fuera de toda duda Magdalena, la conozco muy bien…-sonrió como si le
divirtiera todo aquello,- pero antes quiero saber que César está de acuerdo. Le
tengo mucho aprecio, como se imaginará, fui mentor de él y en muchas ocasiones
me pide consejo aún, pero no parece hacerme mucho caso.
Ella se
impacientó.
-No creo que
tenga nada en contra…
-Si hubiera sido
cuando usted comenzó a trabajar con él no hubiera habido ningún problema, al
contrario, pero ahora parece que está contento con usted…
-¿Ahora? ¿Quiere
decir que antes no lo estaba?
-¡Que va!
Recuerdo que presentó una reclamación porque no te quería en su equipo.
Fue como si le
hubiera dado un puñetazo en el estómago. Se puso de pie conteniendo su
indignación.
-Hablaré con el
profesor Guzmán y mañana mismo podré estar en su laboratorio tanto si consiente
como si no.
-No, no, tiene
que consentir, no quiero que me tenga resentimiento creyendo que le he robado a
su ayudante. Insisto en que hable con él y si está de acuerdo, el lunes
empezará usted con nosotros.
Ella sonrió
agradecida por la amabilidad de don Agustín . Imaginaba que Guzmán el buenísimo
no tendría inconveniente en librarse de ella ya que al parecer no la quería en
su equipo y tuvo que tragar con ella pesar de que por sus notas, ella se ganó aquel
puesto. Se sintió contenta de haberse enterado de aquello, le facilitaba mucho
las cosas a nivel personal.
-Profesor ¿puedo
hablar un momento con usted?
César se puso
tenso con solo oír la voz de ella. Se giró sin intentar ocultar el mal humor
que tenía y del cual ella, ¡y solo ella!, era causante. ¡Siete minutos! El día
anterior salió del laboratorio solo siete minutos para acompañar a Natalia Ríos
hasta su coche y de paso repetirle por enésima vez que no fuera a buscarle al
laboratorio y mucho menos montara una escenita de mimos delante de sus
ayudantes. Ella quería que fueran a cenar, pero él le confesó que iba a salir
con otra mujer. No le dio mas explicaciones porque él tampoco se las pedía
cuando la situación era a la inversa. Siete minutos. ¡Pues cuando volvió al
laboratorio descubrió que la señorita Peña se había ido! Matías y Lorenzo le
dijeron que se había se había sentido indispuesta y se había marchado a casa, que
estaba pálida y parecía realmente enferma. Pero por la noche, cuando la llamó
para interesarse por su estado, su amiga Paula le dijo, no solo que estaba
perfectamente, si no que se había ido. ¡Otra vez! Se pasaba el día yéndose.
-Vaya, si se ha
dignado a venir.- Dijo marcando aún más la varonil forma de su mentón al
mantener los dientes apretados.- Cuando volví ayer, sus compañeros me dijeron
que se había ido porque se hallaba indispuesta…¿Está mejor?
Magalen miró a
sus compañeros agradeciendo de nuevo su ayuda.
-Si, estoy
mejor.
-¡Eso ya lo sé!-
Replicó airado.- Anoche cuando llamé par interesarme por su estado, su amiga
Paula me dijo que había salido…Y yo me pregunto:¿ adónde iría?
-En realidad …
-¿Al
supermercado?- Continuaba furioso sin dejar que le interrumpiera.- ¿O quizá…a
la biblioteca? ¡Si, a la biblioteca! A seguir estudiando…¿Es por eso que llega
media hora tarde? ¿Porque se le ha ido el santo al cielo en la biblioteca?-
Rugió adelantándose hacia ella.-¡ Esto se ha acabado! ¡Aquí venimos a trabajar
y en esta semana cada vez que me he dado la vuelta usted ha desaparecido…
-Pero usted ya
sabe por qué lo he hecho…
- Si, pero eso
no quiere decir que yo esté de acuerdo. En el horario que compete a su trabajo
debe estar aquí, trabajando, no pajareando.
-¡Pajareando!-
Exclamó Magalen ofendida con aquella acusación.
-¡Si,
pajareando!
-¡Ah, estupendo!
¡Entonces le alegrará mucho saber que me voy!
-¿Qué?¿Acaba de
llegar y ya está diciendo que se va?¡No señor, no se va!¡No hay permiso así que
póngase la bata y a trabajar!
-¡No me refiero
a que quiero salir! Me refiero a que …me voy de aquí… Dejo el equipo.
César palideció
al oír aquello.
-¿Cómo
que…?¿Cómo que se va?
Ella sintió que
toda la valentía que había mostrado con anterioridad se desvanecía junto con su
furia al verle tan contrariado. Tragó saliva, se humedeció los labios y eludió
la mirada de él incapaz de sostenerla.
-Después de
pensarlo mucho he tomado…una decisión que considero la más acertada para
mi…futuro y mis aspiraciones.- Dijo con voz temblorosa.
César la miraba
perplejo. Aún no creía que ella había dicho lo que él había oído. ¡Se iba!¡Había
tomado la decisión de irse con el conde Martini!
-¿De verdad lo
ha pensado bien?- Dijo con voz estrangulada, como si le hubieran dado una
patada en el estómago.
-Si, profesor,
yo…creo que es lo más adecuado para mi.
- Pero…es un
viejo…
Ella alzó la
mirada. El profesor Noble podría ser un viejo, pero era muy respetuoso cuando
hablaba de él.
-No debe hablar
así de él.
El se mesó el
negro cabello y de pronto, al ser consciente de que su dos ayudantes estaban
presenciando la escena con mucha atención, la cogió por el brazo y se la llevó
a su despacho tirando de ella sin ningún miramiento.
Cuando
estuvieron a solas en la sala contigua él la soltó y, nervioso, se pasó la mano por
la cara mientras paseaba de extremo a extremo de la estancia.
-No…no lo
entiendo.- Exclamó y se volvió a mirarla incomprensivo.- ¿Por qué?
Magalen se
mordió los labios intentando ocultar su angustia. ¿Por qué?... ¡¿Por qué?! “¡Porque
hace años que estoy enamorada de ti, idiota, y ya he llegado al límite de mis
fuerzas! ¡Porque ya no soporto estar cerca de ti y saberte tan lejano, tan
inalcanzable! Y porque al fin me he dado cuenta de que es absurdo seguir lo que
no tendré nunca. He aguantado mucho y ya es hora de abrir los ojos y ponerme en
movimiento para seguir adelante”
-Ya se lo he
dicho; es lo que creo más conveniente.- Logró decir con serenidad, prometiéndose
que aquel esfuerzo sería el último.
-¡Ni siquiera
sabes lo que sientes por él!- Exclamó tuteándola como si le recordara el
derecho a hacerlo que le habían dado los momentos de intimidad que habían
mantenido en los dos últimos días.
-¡Claro que si!
Es un gran hombre, yo le admiro mucho y estoy segura de que me irá muy bien con
él.
César no podía
creer lo que estaba oyendo. ¿Quien era aquella mujer? Hasta hace unos días él
la conocía perfectamente. Sabía qué clase de vida llevaba, qué música le
gustaba, sabía todas sus costumbres, que tomaba el café con leche y mucha
azúcar, que llevaba un coletero negro a modo de pulsera en la muñeca izquierda para
recogerse en pelo cuando iba a mirar por
el microscopio, sabía que era íntegra, leal, trabajadora, sin dobleces…¡Y de
pronto había cambiado!¡Era como si aquel desgraciado la hubiera embrujado!
-¿Lo saben tus amigas?
-Si, se lo dije
anoche y …piensan que si yo lo he decidido
así, está bien.
-¿Y tu familia?¿Lo
saben tus padres?
- No, aún no. Se
lo diré en cuanto hable con ellos por teléfono.
-Se van a sentir
muy orgullosos de ti.-Dijo en un tono desdeñoso que a ella no le gustó.
-Mis padres
siempre se sienten orgullosos de mi.- Respondió irguiendo la espalda y alzando
a barbilla.
- Está bien. Vas
a cometer un error, pero es tu error.
Ella
arrugó el ceño. Ya que estaban hablando claro era también su momento.
-¿Puedo saber por
qué le molesta tanto que me vaya cuando ni siquiera me quería en su equipo pese
a que por mis calificaciones gané la laza al licenciarme?
-¿Quién ha dicho
eso?
-Qué importa; yo
me he enterado. Así que como no lo niega debe ser cierto. Creo yo que no le
será muy difícil sustituirme. Todos los licenciados de esta Facultad se darán con
un canto en los dientes por mi plaza…que, por cierto, quedará vacante hoy mismo.
No tengo más que decir.- Se dio la vuelta y salió muy digna del despacho.
El miró la
puerta cerrada como si pudiera traspasarla con los ojos. Apretó los dientes
hasta que rechinaron. ¿Se iban aquel mismo día?¡Eso estaba por ver! En el avión
con destino a Roma solo iría el puto conde…o lo que iba a dejar de él.
Salió como una
tromba del despacho y después de del laboratorio, sorprendiendo a us ayudantes
por la furia que irradiaba.
-¿Qué le has
dicho, bruja?
- Que hoy mismo dejo este equipo y me voy al
laboratorio del profesor Noble.
-¿Por qué?- Preguntó asombrado Lorenzo.
-¡Porque me da
la gana y puedo hacerlo!
-Pues parece que
no le ha sentado muy bien; menos mal que fue su mentor, si no yo diría que don Agustín
corre peligro, tal y como va…
Magalen se
encogió de hombros, sabía que no iba a llegar la sangre al río; solo deseaba
que los dos catedráticos no discutieran por su culpa. De todos era sabido que
don Agustín Noble era como un segundo padre para César Guzmán. Se tranquilizó
un rato después cuando se topó con don Agustín y ante la pregunta de ella sobre
si había hablado con don César, este dijo que ni le había visto. La respuesta,
aunque tranquilizadora, le extrañó, y no pudo evitar preguntarse dónde habría
ido el profesor Guzmán ya que no había vuelto al laboratorio.
La respuesta a
su pregunta, de haberla sabido, le habría parecido surrealista, porque ¿qué
podía hacer el profesor Guzmán en uno de los ascensores del hotel Luxury?
Hablar con el
ascensorista.
-Oiga…¿usted
sabe algo de italiano?
El joven
respondió algo remiso.
-Lo justo para
defenderme con los clientes…Vienen muchos extranjeros…
-Ya. ¿Sabe como
se dice “ Buenos días, al fin nos conocemos”?
-Sería algo
como…”Buongiorno finalmente ci incontriamo “
-Gracias. Buongiorno,
finalmente ci incontriamo.- Repitió varias veces para recordarlo.
El ascensor se
detuvo.
-Octava planta,
señor. La suite Imperial está a la derecha, verá el nombre en una placa…
César hizo
intención de sacar la cartera para darle una buena propina, pero se dio cuenta
de que había salido con tanta prisa que no había cogido ni la americana ni la
cartera.
-Le debo una.-
Le dijo al ascensorista al tiempo que salía con paso decidido.
El joven sonrió débilmente
y aguardó al caballero que avanzaba por el pasillo en dirección al ascensor.
Vio que el que acababa de salir le detuvo cogiéndole por el brazo.
-Buongiorno, finalmente
ci incontriamo…
-¿Eh?... Lo
sienti amigui, yo no italiani, yo español…
-Perdone.- Se
disculpó y siguió adelante buscando la suite Imperial.
El otro hombre
le miró perplejo y llegó al ascensor.
-¿Vaya tipo, eh?-
Comentó al ascensorista.-Por un momento me ha asustado, he pensado que me iba a
hacer algo. Ese no parece tener muy buenas intenciones…
El ascensorista
asintió y ambos miraron con curiosidad al hombre que acababa de llamar a la
suite Imperial y decía a quien le abrió:
-“Buongiorno,
finalmente ci incontriamo”…
Hay madreeeeee ... Huyendo.. malentendidos... Y ese lote en el rellano...que prende fuego!!!!!! Lo tiene todo!!!! Lo tiene todo....Loli!! No puedo parar de leer..
ResponderEliminar😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘😘 y me parecen pocos...
EliminarEsto si es liar la madeja 🙈
ResponderEliminarNo te pierdas los siguientes.
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