El día del fin del mundo.

CAPÍTULO 3° Era mucha la paciencia que debía tener con Andrés. Cualquier otra le hubiera mandado al infierno y se habría ido dejándole que reventara, pero yo no podía, no mientras estuviera impedido, mi conciencia no me dejaba a pesar de todo lo que salió por su boquita para amedrentarme. Las pobres muchachas seguían con su tarea y ni se acercaban. - Pero ¿qué pasa aquí? Don Servando entró sin llamar al oír las voces. Andrés se calló y hablé yo. - Nada, don Servando. Aquí, el señor, que además de borracho es un voceras. Fíjese como se ha puesto porque se me han caido sin querer tres cuartos de litro de aguardiente en el cubo del agua sucia. El médico lo entendió a la primera y con expresión bonachona dijo: - Hombre, Andrés, si ha sido sin querer... Un accidente lo tiene cualquiera. Además que no es alcohol lo que más te conviene ahora. La ...